Calculador/Simulador de pensiones para Nicaragua

Al final de la vida laboral es probable que la única fuente de ingresos que tengamos sea la pensión por vejez que otorga el sistema de seguridad social. En ese caso, necesitaremos ajustar nuestro consumo, es decir, nuestro estilo de vida, porque las pensiones usualmente son más bajas que nuestro último salario.

En esta entrada presento una herramienta para simular las pensiones por vejez que otorga el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS). En síntesis, se trata de un programa para Windows que usa las reglas vigentes de la seguridad social para darle al usuario un estimado de su futura pensión mensual.

Para instalar el programa puede descargar el instalador desde el siguiente link: DESCARGAR. Una vez instalado, el programa debería proyectar la siguiente interfaz al ser ejecutado (ver imagen abajo). En la izquierda, la interfaz ejecuta el cálculo una vez que el usuario haya ingresado los parámetros y supuestos del ejercicio. La pensión estimada será proyectada en el cuadro de texto, junto con la tasa de reemplazo y el nivel de la pensión en dólares. Una vez que el usuario de click en el botón de cálculo aparecerá la ventana de la derecha, ilustrando su nivel de pensión entre la pensión mínima y máxima que el sistema nicaragüense otorga.

GUI Calc

A continuación, explicaré los parámetros usados en el ejercicio para que el usuario pueda simular diferentes escenarios de pensión, pero antes resumiré brevemente las principales características del sistema. En Nicaragua, el régimen de seguridad social es de beneficio definido (BD), y otorga pensiones para trabajadores con un mínimo de 250 semanas de cotización (primer nivel de la pensión reducida). La pensión completa o tradicional se alcanza luego de 750 semanas de contribuciones al INSS. La edad legal de retiro es a partir de los 60 años. En el REGLAMENTO GENERAL DE LA LEY DE SEGURIDAD SOCIAL pueden encontrar los detalles de cálculo de beneficios.

i Edad actual: este ejercicio supone que los trabajadores desean jubilarse a la edad mínima de retiro, 60 años tanto para hombres como para mujeres. En ese sentido, el usuario debe imputar su edad actual (p. ej. 39) como un número entero menor a 60 años y superior a la edad mínima laboral que en Nicaragua es de 14 años.

ii Salario actual: el usuario debe imputar su salario actual como un número entero (sin decimales). El salario de referencia usado para el cálculo de la pensión depende tanto del nivel salarial imputado, como del número de contribuciones totales efectuadas al final de la vida laboral. El nivel salarial imputado también determinará la “cuantía básica” de la pensión (Arto. 85). La trayectoria salarial, es decir, cuánto aumentará su salario hasta alcanzar la edad de retiro dependerá de la tasa de crecimiento salarial a ser imputada posteriormente.

iii Número de años que espera cotizar durante su vida laboral: el usuario debe ingresar una estimativa de cuantos años habrá cotizado en total al momento de retiro (incluyendo los que ha cotizado hasta el momento actual). De acuerdo con la Ley, los beneficios pensionales comienzan a partir de 5 años (pensión reducida), mientras que la pensión completa es otorgada a partir de los 15 años de contribución.

iv Salario mínimo legal: el salario mínimo determina la generosidad del beneficio pensional, con dos tasas de incremento pensional anual de acuerdo con el nivel del salario del trabajador en relación al salario mínimo vigente de la industria manufacturera (Arto. 85).

v Crecimiento salarial esperado: el usuario debe imputar la tasa de crecimiento salarial que espera recibir en los años previos a alcanzar la edad de retiro. Esta tasa también será usada para ajustar los niveles de las pensiones reducidas. La costumbre en estudios internacionales (ver Pensions at a Glance de la OECD) es asumir que los salarios crecerán al 2% por año en el largo plazo, pero el usuario puede imputar cualquier tasa de crecimiento salarial. El número debe ser imputado como tasa y no como porcentaje, es decir como 0.03 para denotar un supuesto de crecimiento del 3%.

vi Tipo de cambio actual: Como la economía nicaragüense está extraoficialmente dolarizada, las personas usualmente conocen el tipo de cambio vigente en cada momento. El usuario puede también consultar el tipo de cambio en la pagina del Banco Central de Nicaragua (www.bcn.gob.ni). El tipo de cambio será usado para estimar el nivel de la pensión en dólares estadounidenses, y para proyectar el nivel máximo de la pensión establecido por Ley en US$ 1500 por mes.

v Devaluación cambiaria: En Nicaragua el tipo de cambio es fijo con devaluación anual preanunciada (crawling peg). Desde 2004, la devaluación del córdoba ha sido de 5% por año. El usuario puede mantener este supuesto imputando 0.05 en la casilla correspondiente, o puede imputar cualquier otra tasa de devaluación. Al igual que con la tasa de crecimiento salarial, el número debe ser imputado como tasa y no como porcentaje.

Las pensiones bajo el régimen INSS pueden incrementarse en el caso de que el jubilado tenga dependientes (esposo/esposa invalida, hijos menores de 15 años, etc.). Este ejercicio no contiene tales disposiciones porque su propósito principal es simular escenarios futuros (de largo plazo). Sin embargo, una vez estimada su pensión, el usuario puede consultar el Arto. 85 de la Ley para agregar fácilmente cualquier beneficio adicional. Este programa tampoco estima la pensión para maestros/maestras y profesiones de riesgo, para las cuales existen otros requisitos de edad de retiro.

El programa lo he desarrollado desde Python 3.6, como una iniciativa académica personal (sin vínculos profesionales directos), y sin afilición al INSS. Se agradecen comentarios para mejorar la herramienta.

¿Existe una brecha de género en las pensiones?

Publicado originalmente en: Factor Trabajo (BID)

Aunque muchos estudios demuestran mejoras en la participación laboral de las mujeres en América Latina y el Caribe, todavía queda mucho camino por recorrer. Como se explica en la publicación Empleos para crecer, a lo largo de su ciclo de vida laboral las mujeres latinoamericanas participan menos en el mercado de trabajo remunerado, devengan salarios más bajos y tienen menor acceso a empleos formales que los hombres. Por esta razón, en la mayoría de los países de la región las mujeres reciben menores pensionescuando alcanzan la edad de retiro. ¿Se puede compensar esta brecha haciendo cambios a los actuales sistemas de pensiones?

En la mayoría de los países de la región las mujeres reciben menores pensiones cuando alcanzan la edad de retiro.

Peores pensiones para las mujeres

Desde inicios del siglo XXI, la brecha de género en los montos de pensiones contributivas se ha reducido desde un promedio regional de 23% a inicios de los años 2000 hasta un promedio de 13% en 2015. Sin embargo, la persistencia de diferencias salariales y baja participación en actividades remuneradas amenaza con extender aún durante más años estos contrastes en los montos de pensión por retiro. Este legado, como muestra el gráfico, se observa en numerosos países de la región.

Las encuestas de hogares incluidas en el Sistema de Información de Mercados Laborales y Seguridad Social (SIMS) muestran la persistencia de importantes diferencias en las tasas de participación y niveles salariales. A pesar de que la región obtuvo la mayor reducción mundial en la brecha de participación, aún sigue teniendo la brecha más amplia cuando se le compara con otras regiones (siendo Uruguay y Perú los únicos países de América Latina en donde la brecha es inferior al 20%, sin tomar en cuenta si las mujeres cotizan a la seguridad social o en qué tipo de trabajos se insertan).

La continuidad de estas diferencias es preocupante porque los montos de la pensión dependen directamente del nivel salarial y de los años de contribución al sistema jubilatorio. Por un lado, salarios bajos se convertirán en pensiones bajas. Por otro, si las mujeres trabajan menos o dejan de hacerlo por cuidar a sus hijos, aportarán menos a la seguridad social, obteniendo por tanto menores beneficios pensionales.

Compensar la brecha de género desde los sistemas de pensiones

El diseño de los sistemas de pensiones puede replicar, amplificar o reducir estas diferencias. Por ejemplo, jubilarse cinco años antes que sus contrapartes hombres puede implicar que una profesional no logre alcanzar el potencial de mayores ingresos laborales al final de su senda laboral, período usado como referencia para calcular su pensión. Esto puede ocurrir en los diez países de América Latina y el Caribe que aún mantienen diferencias de género en la edad de retiro. Por otro lado, jubilarse anticipadamente puede verse como una transferencia de recursos de hombres hacia mujeres, si tomamos en cuenta que al vivir más años ellas recibirán durante más tiempo tales beneficios. Esto ocurre si los sistemas no toman en cuenta las diferencias en la esperanza de vida para calcular las pensiones.

El diseño de los sistemas de pensiones puede replicar, amplificar o reducir estas diferencias. Por ejemplo, jubilarse cinco años antes que sus contrapartes hombres puede implicar que una profesional no logre alcanzar el potencial de mayores ingresos laborales al final de su senda laboral.

Sin respuestas unívocas para recomendar diseños particulares, es útil conocer ejemplos de gobiernos que intentan reducir las tensiones del mercado laboral a través de la seguridad social. En Uruguay, a las mujeres se les reconoce un año de cotización por cada hijo. En Chile a las mujeres se les otorga un bono equivalente al 10% de 18 salarios mínimos por cada hijo. Estados Unidos y la Unión Europea exigen el uso de tablas de vida unisex para el cálculo de las pensiones bajo esquemas de beneficio definido, evitando que un hombre y una mujer con el mismo capital acumulado reciban pensiones diferentes al retirarse con la misma edad. Adicionalmente, la introducción de pensiones no contributivas en la mayoría de los países de la región ha beneficiado a aquellas mujeres más afectadas por rupturas laborales.

Los sistemas pensionales, por tanto, sí pueden mitigar las brechas de género derivadas del mercado de trabajo. Estas estrategias de compensación ya existen en algunos países latinoamericanos. Pero quizá sea más interesante preguntarnos hasta cuándo las diferencias de género en materia de pensiones continuarán reflejando el residuo de mercados laborales desiguales. La respuesta a esto dependerá, más que de cambios legales, de una transformación en las expectativas y roles de género en el mercado de trabajo. Y, como decía, en eso queda mucho por hacer.

A influência da Cor/Raça no Brasil, segundo dados da PNAD 2012

GESTÃO DE POLÍTICAS PÚBLICAS EM GÊNERO E RAÇA

Apesar de constituir um país cultural e etnicamente diverso, fatores históricos que ainda estão enraizados na sociedade brasileira reproduzem preconceitos etnicos/raciais. Esses preconceitos são evidentes nos resultados da Pesquisa das Características Étnico-Raciais da População (PCERP), realizada pelo IBGE em 2008, que revela que para 63,7% dos brasileiros entrevistados a cor ou raça influencia na vida. Para eles(as) essa influência é mais evidente no âmbito laboral, sendo que o trabalho aparece em primeiro lugar dentre as situações nas quais a cor ou raça tem maior influência, com 71% das respostas.

A seguinte tabela ilustra, com dados da PNAD 2012, a diversidade étnica da população brasileira (constituída por 187,97 milhões de pessoas no momento da entrevista do IBGE):População segundo Cor-RaçaPor outro lado, uma vez que o mercado de trabalho aparece na percepção pública como o principal espaço de discriminação étnica/racial, na continuação se apresentam a média e a mediana (P50) da renda salarial…

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UMA CRÍTICA HISTÓRICA DA CATEGORIA “CRESCIMENTO” NA TEORIA ECONÔMICA

Artigo publicado no II Congresso Internacional Interdisciplinar em Socias e Humanidades, Belo Horizonte, MG (2013).

1-    INTRODUÇÃO

A história mostra que o desenvolvimento da teoria econômica se formou por fases de conhecimento cumulativo derivado de diferentes paradigmas de pensamento. Autores como Pinho (1992) e Pereira (2009) dividem esse desenvolvimento em quatro fases principais, a saber: a) Fase Pré-científica (das origens até 1750), b) Fase da Criação Científica da Economia (1750-1870), c) Fase dos princípios teóricos fundamentais (1870-1929), e d) Fase Contemporânea (1929 em diante).

 Em cada um desses períodos, o foco de análise e juízos de valor foram diferentes, mas a maioria das correntes compartilham semelhanças porque cada uma se alimentou do conhecimento prévio, nas palavras de Blaug (1991, p X-XI; Tradução do autor), “O conhecimento econômico tem determinação histórica, o que sabemos hoje sobre o sistema econômico não é algo que descobrimos esta manhã, mas a soma de nossas intuições, descobrimentos e tentativas frustradas no passado. Sem Pigou não haveria Keynes, sem Keynes nenhum Friedman; sem Friedman nenhum Lucas; sem Lucas nenhum…“.

O problema metodológico da economia ocorreu quando sua corrente ortodoxa e recorrente se afastou dos pontos de vista mais amplos dos fenômenos sociais. A abstração e sistematização numérica da análise cresceram após as contribuições de autores como Ricardo, Marshall, a escola neoclássica, etc.

As variáveis ​​intrinsecamente qualitativas e correspondentes à complexidade do tecido social permaneceram fora do foco da lente racional. Este cenário traduziu-se na prática da visão da política econômica internacional, muitas vezes sobredimensionando os indicadores macroeconômicos agregados e ignorando a importância do estudo dos laços socioeconômicos.

Ao desvincular analiticamente as relações socioculturais dos fatos econômicos, a corrente econômica dominante tem estudado os fenômenos sociais a partir de uma perspectiva de “esferas separadas”, onde a área social é dividida incorretamente numa calçada de eficiência racional e outra de sentimentos e solidariedade (Zelizer, 2011, p.5).

A fixação da economia convencional com as transações economicas vistas desde una otica mecanicista e com racionalidade assumida tem a maior expresão na obsessão universal com o crescimento do Produto Interno Bruto (PIB). Podemos traçar uma crítica da categoria crescimento na historia do pensamento econômico mediante o estudo dos fundamentos intelectuais das principais escolas, assim como das estruturas sócias que regiam a vida cultural e econômica de cada época.

Neste ensaio defende-se a teses de que em todas as fases, o crescimento econômico tem sido erroneamente associado com bem-estar (através de aumento do consumo de bens e serviços), tem sido dirigido e governado por grupos de poder específicos (oligarquias), e não ter levado em conta os danos ambientais causados pelo uso irracional dos recursos naturais.

 

 2-    DESENVOLVIMENTO

A primeira fase, a fase pré-científica, pode ser dividida em três períodos: Antiguidade Greco-Romana, Idade Média e o período Mercantilista. Assim, no período Greco-Romano, o objetivo da economia era muito modesto, e não houve uma sistematização específica desta como uma ciência.

Neste sentido, a economia foi usada principalmente para administrar os assuntos comerciais. Ou seja, concentrou-se na manutenção e coordenação de vastas redes de comércio (crescimento econômico) de terra e mar. No entanto, apesar da pouca ou nula sistematização da ciência econômica nesta fase, não se pode ignorar a importância da gestão destas redes de comércio no surgimento e expansão do império Greco-Romano, e, portanto, sobre a proliferação de muitos de seus conhecimentos e costumes que são conhecidos hoje como cultura ocidental.

No segundo período pré-científico, distinguem-se dois fenômenos. Por um lado, o crescimento econômico provém a partir da realização das feiras locais e inter-regionais, assim como do surgimento de pequenos ofícios (como a ferraria), que, em última instancia serviam ao lucro dos senhores territoriais e potentados eclesiásticos. Além disso, a Igreja Católica na época olhava com receio o crescimento econômico por condenar como usurárias as taxas de juros e por promulgar um estilo de vida austero para o vulgo.

O último período pré-científico, conhecido como mercantilismo, se baseia principalmente em o protecionismo comercial de principados e novos Estado-nação, e numa fixação sobre a acumulação de ouro e prata. Portanto, neste período o crescimento econômico era visto como um jogo comercial de soma zero que permitiu a acumulação de minerais preciosos para financiar guerras expansionistas e procurar aumentar as riquezas para os oligarcas próximos ao governo.

É importante ressaltar que neste período, e especialmente graças a Reforma Protestante liderada por Martinho Lutero e João Calvino, a moralidade da vida ascética foi relegada, buscando mais bem-estar material, através da exaltação do individualismo e do trabalho. É também durante o mercantilismo que decola o apogeu do crescimento econômico na Europa, através da exploração colonial do trabalho e dos recursos naturais dos territórios recém-descobertos. É nessa época que são consolidadas as relações assimétricas de poder entre metrópole e colônia, marcando a opressão histórica e pilhagem da periferia colonizada pelas metrópoles europeias.

O início da segunda fase na história do pensamento econômico, conhecida como Escola Clássica, inicia-se com a corrente fisiocrática liderada por François Quesnay (1694-1774). Os fisiocratas promulgavam uma “ordem natural” das coisas, alegando, entre outras coisas, que a fonte da riqueza e, portanto do crescimento econômico, provinha dos frutos do uso da terra.

As ideias dos fisiocratas foram a base sobre a qual se apoiou Adam Smith para escrever suas obras de filosofia moral e posteriormente tornar-se o pai da economia clássica. O trabalho de Smith destaca que pelo egoísmo nato da condição humana (a maximização do bem-estar individual ou o crescimento do consumo pessoal) a sociedade atinge estágios mais elevados de bem-estar coletivo.

Esta visão utilitarista e individualista se opõe a intervenção excessiva do governo, e em o Livro V da Riqueza das Nações, Smith limitou o trabalho do Estado para as seguintes funções: a defesa nacional, justiça e serviços de ordem interna, e obras públicas, como pontes e estradas. As teorias da especialização e divisão do trabalho como fonte de crescimento econômico de Smith foram posteriormente revisadas e melhoradas por autores como David Ricardo e John Stuart Mill; que também começaram a analisar o trabalho como a principal fonte de crescimento econômico (mediante a acumulação de riqueza).

Além disso, esses autores, sobretudo Mill, foram críticos dos efeitos negativos que o crescimento econômico teve sobre os trabalhadores urbanos no auge da era da industrialização. Ambos os autores também começaram a considerar as desigualdades sociais que surgiram quando o crescimento econômico beneficiou apenas os rentistas e os donos do capital, que impôs aos trabalhadores urbanos longas e insalubres jornadas de trabalho.

A fase final da teoria econômica clássica foi escrita pelo pensamento revolucionário de Karl Marx. Tomando as bases da teoria do valor-trabalho de Ricardo, Marx reconheceu o trabalho como a principal fonte de crescimento econômico. Nas palavras de Marx, “O valor da forca de trabalho é determinado, como no caso da qualquer outra mercadoria, pelo tempo de trabalho necessário a produção, e consequentemente a reprodução, desse artigo em especial[1]. Junto com Engels, Marx desenvolveu a dialética materialista, teoria que baseada na tese-antítese-síntese hegeliana interpretava a história humana como uma luta entre aqueles que acumulavam o crescimento econômico (capitalistas) e aqueles que o geravam através do trabalho (trabalhadores).

A terceira fase do pensamento econômico é reconhecida como a fase da sistematização matemática dos postulados clássicos. Nesta fase, a abstração analítica começa tratar as relações econômicas com uma abordagem reducionista, típico das ciências naturais, obviando o caráter imprevisível, complexo e multimodal do comportamento e relações humanas. Este enfoque é descrito por Pinho e Vasconcellos (2004), afirmando: “Já os mecanicistas pretendiam que as leis da Economia se comportassem como determinadas leis da Física, e a terminologia usada era estática, dinâmica, aceleração, notação, velocidade, fluidez, forças, entre outras.

Com o nascimento do marginalismo foi introduzido o arquétipo do Homo Economicus, um ser racional que muda as suas decisões de gastos, por exemplo, com base na evolução de suas receitas marginais. Este foi o precursor do agente econômico representativo da escola neoclássica, que toma suas decisões com base em expectativas racionais, e que seria o centro de algumas das teorias de autores como Modigliani, Friedman, Phelps ou Lucas.

As outras escolas que compõem esta fase preocupam-se em demonstrar a interdependência dos agentes individuais e agregados no interior do sistema como um todo. Esses autores, entre os quais se destacam Leon Walras e Alfred Marshall, estudaram as causas do crescimento econômico através da interação dos desejos materialistas individuais. É também nesse período que se começou a estudar a influência do uso do dinheiro e do crédito na atividade econômica real.

A última fase proposta por Pinho (1992) e Pereira (2009), a fase contemporânea, surge com o nascimento da macroeconomia moderna a princípios da década de 1930. E a macroeconomia moderna nasce com A Teoria Geral do Emprego, do Juro e da Moeda (1936) de John Maynard Keynes. Na era anterior a Keynes, a teoria clássica macroeconômica que dominou o pensamento econômico viu a economia como um mecanismo mais ou menos autoalimentado e autorregulado, onde prevalece uma tendência a estabelecer o pleno emprego (não existe o desemprego cíclico).

Consequentemente, o desemprego é considerado apenas como um deslocamento acidental e temporário. Mas, durante a Grande Depressão, a incapacidade do mercado para gerar os empregos perdidos era evidente. Nessa situação, Keynes e, posteriormente, seus muitos seguidores, defendeu a intervenção do Estado como forma de reativar a insuficiência da demanda do setor privado.

O resto é história, durante os 40 anos seguintes a Segunda Guerra Mundial o mundo em geral testemunhou um período de crescimento econômico sem precedentes, a política keynesiana funcionou. Este processo macroeconômico foi reforçado pela existência de cada vez melhores técnicas e registros contábeis, consolidando os modernos sistemas de contas nacionais regulados pelas Nações Unidas.

No entanto, aqui é importante notar que as estatísticas oficiais de contas nacionais não reconhecem e incorporam o trabalho doméstico como uma atividade econômica, e ainda é registrado sob a rubrica “afazeres do lar”, sendo considerada inatividade econômica ou desocupação, igualando-se à condição de estudantes, aposentados, inválidos, etc. Isto reflete uma ótica patriarcal na constituição metodológica das estatísticas oficiais no que se refere ao trabalho exercido principalmente por mulheres.

Não foi até a década de 1970, quando os Keynesianos não conseguiram explicar o fenômeno da estagflação que a história da teoria econômica deu uma virada. Assim, a Escola de Chicago liderada por Milton Friedman explicou a estagflação como uma inflação de custos e defendeu as virtudes do mercado novamente, retirando a ênfase no pleno emprego e substituindo-a pela ênfase no controle dos processos da inflação.

Outras teorias modernas, históricas e institucionais, explicam as diferenças de crescimento económico entre os países a través do papel das primeiras instituições para definir os padrões de crescimento de longo prazo (Acemoglu, Johnson e Robinson, 2001). Segundo estas teorias a história colonial ou institucional específica irá atuar como uma restrição –ou pode influenciar– a infraestrutura nacional, conduzindo o país em um vagão de produção particular na economia global.

A contemporaneidade, na prática, foi testemunha de uma crescente desigualdade na distribuição de renda, e na presença do domínio das escolas ortodoxas, poucas vozes (neokeynesianos como Paul Krugman, e institucionalistas como Amartya Sem (1999) têm procurado o legado de defender uma economia orientada ao ser humano.

As teorias ortodoxas que guiaram o pensamento econômico desde a sua criação ainda são insuficientes tanto para explicar a realidade desta civilização em suas muitas facetas, como para moldar uma nova e melhor realidade para todos. A persistência da fome[2] e da pobreza em todo o mundo, a distribuição desigual da riqueza, e os efeitos negativos, cada vez mais visíveis, do cambio climático, são reflexo de um paradigma que precisa ser reformado.

Os diferentes níveis de desenvolvimento entre algumas nações e outras são uma consequência direta desta falha sistêmica. Em sua teoria da desconexão, o economista neomarxista Samir Amin (1988) expõe as relações econômicas desiguais que os países do centro capitalista mantêm com a periférica subdesenvolvida, e explica que, enquanto continuarem as imposições comerciais e hegemonia cultural do Norte sobre o Sul este último não tem chance de se desenvolver.

A análise de Amin seguiu a mesma direção dos estudos de Paul A. Baran e Paul Sweezy, refletindo como os países do centro expropriam recursos humanos, financeiros e naturais dos países periféricos através de relações de poder assimétricas. Em outras palavras, essas pesquisas concluíram que o crescimento econômico do Norte é alimentado pelos recursos do Sul.

Por outro lado, Max-Neef (1993) argumenta que os indicadores convencionais de atividade econômica, como o PIB têm servido para complexar as nações periféricas, e que o verdadeiro desenvolvimento é moldar países e culturas com consistência e determinação próprias.

A partir de uma perspectiva latino-americana Max-Neef (1993) categoriza o crescimento econômico nas últimas décadas como um processo pendular. Segundo o autor, “Os períodos de expansão acabam gerando desequilíbrios financeiros e monetários, que resultam em respostas de estabilização que, por sua vez, acabam gerando altos custos sociais, o que leva a novos períodos de expansão.” Max-Neef (1993) acusa os economistas neoclássicos e especialistas em desenvolvimento econômico de mecanicistas e concentradores de renda, afirmando que “Para o neoliberalismo, o crescimento é um fim em si, e a concentração é aceita como uma consequência natural. Para o desenvolvimentismo o crescimento é uma condição econômica que implicará desenvolvimento… reconhece-lhe limite, [mas] não pode controla-la [a concentração]”.

As incoerências na gestão das políticas econômicas não são apenas refletidas nas assimetrias do poder comercial dos tratados do livre comercio impostos pelo Norte, mas também nas assimetrias do processo de mudança climática; onde aqueles que emitem menos poluentes são mais vulneráveis a sofrer seus efeitos nocivos. O aquecimento global é um fato; as temperaturas subiram cerca de 0,7 ° C em todo o mundo desde o início da era industrial e a taxa de aumento está se acelerando (PNUD, 2009).

De acordo com o Painel Intergovernamental sobre Mudanças Climáticas (IPCC, por sua sigla em inglês), os custos do novo financiamento para a adaptação à mudança climática poderia totalizar cerca 86.000 milhões de dólares estadunidenses em 2015, um número que representaria cerca de 0,2% do PIB dos países desenvolvidos, ou cerca de um décimo do que é atualmente alocado para gastos militares. Os custos da inação seriam muito maiores, e de acordo com a Stern, poderiam representar entre 5% e 20% do PIB global, dependendo de como você calcular (IPCC, 2008).

Há grandes variações entre os países sobre o quanto eles contribuem para as emissões que estão aumentando o acúmulo de gases de efeito estufa. De acordo com o IPCC (2008), os países desenvolvidos, que abrigam 15% da população mundial, são responsáveis ​​por quase metade das emissões de CO2. Infelizmente, existe uma assimetria entre aqueles que poluem mais, e aqueles que sofrem as consequências das alterações climáticas, uma espécie de Karma imperfeito. Nos países pertencentes à Organização para a Cooperação e Desenvolvimento Econômico (OCDE), um em cada 1.500 pessoas é afetada por um desastre climático cada ano. O valor correspondente para os habitantes dos países em desenvolvimento é de 1 para cada 19, um diferencial de risco de 79.

Além disso, a contemporaneidade é testemunha de um fenômeno conhecido como grabbing, uma vez que economias com maior poder econômico como China compram terras e recursos naturais (hídricos e minerais, por exemplo) de economias empobrecidas como as africanas e algumas de América do Sul.

Desde a sua criação, com a visão de crescimento através da hegemonia do poder comercial e militar, e durante séculos de acumulação de conhecimento, a teoria econômica ortodoxa tem sido antropomórfica ao colocar o ser humano numa categoria hierárquica superior do que o resto da vida no planeta, e tem confundido o bem-estar com mais consumo, mantendo relações assimétricas de poder entre as classes sociais e entre as nações.

A realidade de hoje exige uma redefinição dos objetivos principais do estudo da economia, especialmente da meta de crescimento econômico contínuo. Já na década de 1970, cientistas do Massachusetts Institute of Technology liderados por Donella Meadows estudaram o futuro do crescimento econômico em um mundo com recursos limitados, produzindo o célebre informe Os Limites do Crescimento, que expôs a necessidade de moderar o consumo excessivo de recursos por parte de algumas poucas economias ante uma possível saturação da capacidade de carga ecológica do planeta Terra.

A teoria do agente econômico racional é uma forma idealizada do comportamento humano, e na maioria dos casos não é o melhor modelo para explicar os padrões de consumo, trabalho e investimento nas pessoas.

Como indica Leviten-Reid (2007, Tradução do autor), “Às vezes as decisões de consumo das famílias podem ser baseadas na teoria postulada por economistas neoclássicos e ser guiadas por mantras como ‘mais é melhor’. Em outras ocasiões, as famílias tomam suas decisões de consumo com base no que eles acreditam que é melhor para o seu bairro ou para o mundo em geral.”

Nessa sentido, Bourdieu desestima a capacidade que o motivo de lucro tem para explicar a ação humana. Esse autor afirma que “[O] respeito puramente desinteressado pelas normas sociais muitas vezes pode ser a principal motivação para a conformidade normativa, em conjunto com o prestígio que ele gera, independentemente do lucro direto associado a este comportamento.” (1988:19-22. Tradução do autor).

Embora durante o século passado essa idealização do comportamento humano através de modelos matemáticos têm predominado na arena do pensamento econômico, os economistas clássicos, e muitos outros ao longo deste século, baseiam seus preceitos teóricos na psicologia do comportamento social (Camerer, 1999).

Por outro lado, na sociologia economia, autores como Granovetter (2005) explicam a importância da estrutura social como um fator-chave no desenvolvimento econômico, uma vez que se compreende que os fenômenos econômicos estão embbeded na vida social. Como diria Mauss (2004), o calcanhar de Aquiles da economia neoclássica é não estudar o homem em todos os aspectos conjugados (econômico, social, histórico, cultural, geográfico, etc.). Ou seja, não ver o homem e suas relações como um “ato social total”.

Na mesma linha de Granoveter, Harrison C. White (1988) explica como os mercados não são homogêneos, como a escola neoclássica afirma. Para White os mercados variam sistematicamente na forma na qual eles estruturam os preços, nos relacionamentos entre produtores, e nos tipos de transações entre consumidores e produtores.

Para o psicólogo e Premio Nobel de Economia 2002, Daniel Kahneman (2011), na maioria das vezes as pessoas agem por hábito, o que descarta a noção ortodoxa do agente econômico racional, que ainda predomina na maioria dos programas de estudos da economia convencional.

Outra suposição dos economistas ortodoxos que tem muitas limitações e inconsistências práticas é a dos preços de mercado como mecanismo eficiente de alocação de recursos. Nesse sentido, autores como Stiglitz (1976) revelam problemas de informação que limitam a “bondade” do mercado, e que ajudam a explicar fenômenos econômicos, como o desemprego. Problemas como a transmissão assimétrica da informação, informações privilegiadas, falta de informação, ou a incapacidade de processar a informação.

Estes problemas são a razão pela qual, por exemplo, na realidade de muitas economias, os recursos ociosos de agentes superavitários (aforradores) não são sempre transferidos para agentes deficitários (devedores), através do sistema financeiro, e, assim, as decisões de investimento nem sempre ocorrem em um “ambiente ideal”. De certa forma, a idealização do funcionamento do livre mercado relegou os seres humanos ao segundo plano.

Por outro lado, como foi dito acima, uma grande dívida da economia ortodoxa é a falta de valorização do trabalho doméstico, feito gratuitamente por mulheres ao redor do mundo. É assim como a pesar da importância do trabalho feminino, os indicadores tradicionais de medição da produção nacional não consideram o trabalho doméstico como parte da oferta total, o que representa não só uma forma de discriminação do trabalho familiar, como uma subestimação do produto nacional.

Hoje em dia o crescimento econômico é um fim em si mesmo, e o homem e seu bem-estar tem um caráter secundário na análise da economia. A tarefa de nossos tempos é fazer uso de todos os progressos técnicos da ciência econômica para que eles sirvam o homem, como nos disse o economista e escrito humanista espanhol José Luis Sampedro: “porque o mercado tem cumprido sua missão de entregar as forças técnicas… Hoje, o problema é diferente: consiste em submeter essas forças a serviço da humanidade e não ao pequeno grupo proprietário dos instrumentos para tirar proveito” (2009, Tradução do autor).

 

3-    CONCLUSÃO

A evidência empírica internacional mostra que, nas últimas décadas, e para a maioria das economias, aumentou a desigualdade na distribuição de renda e que persistirem diferenças significativas das condições de vida entre as nações. Isto significa que os frutos do crescimento econômico foram distribuídos entre poucas mãos. Consequentemente, o paradigma neoclássico que tinha como sinônimo ao crescimento e desenvolvimento económico desde há muito tem sido refutado.

A necessidade de transformação para uma noção mais holística da teoria econômica e do paradigma atual de crescimento econômico não é nova, e já há muitas décadas diversos autores abordam a questão.

Em uma exposição recente e coerente desta necessidade, o economista e ativista Brito-Americano Raj Patel (2010) explica como os preços que os consumidores pagam por muitos dos produtos que compram não refletem o verdadeiro custo de produção desses bens, em termos do dano ecológico e custos sociais ocultos no processo de produção. Max-Neef (1993) também enfatiza, na mesma linha de Patel, sobre como o atual paradigma de crescimento econômico não reconhece os serviços ambientais prestados pela natureza, tais como serviços de absorção gratuita de contaminantes, abastecimento de água, energia, diversidade biológica, riqueza genética, etc.

Estas considerações também foram expostas por biólogos e cientistas naturais defensores da Hipótese Gaia, explicando como a vida na Terra pode ser estudada como uma simbiose universal em que o ser humano é outro link, e não possui pela ordem natural nenhuma categoria hierárquica superior.

Também é importante, em específico, evitar que os modelos de crescimento econômico apresentados pela ortodoxia extingam as expressões culturais e o conhecimento antigo dos povos nativos. Neste sentido, devemos também impedir que a transição cultural[3] impulsionada pelo crescimento econômico destruir as expressões culturais que pertencem a todos, tais como práticas agrícolas. É fácil mostrar que essa transição impulsionada por uma visão equivocada do bem-estar material é uma construção social e política dos cidadãos que afasta cada vez mais aos países mais pobres da segurança e soberania alimentar.

Com a revisão histórica da categoria de crescimento econômico acima efetuada, se conclui que as escolas do mainstream têm compartilhado um conceito errado de crescimento, elitista, e com escassa consciência ambiental. O crescimento econômico não deve ser associado a um maior bem-estar enquanto estivermos míopes em termos do dano ecológico causado pelo consumismo exacerbado e enquanto a desigualdade na distribuição de renda imperar na maioria das economias.

 

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[1] Marx, Karl. O Capital, v1, p.189.

[2] Segundo o Programa Mundial de Alimentos das Nações Unidas, cada dia, 870 milhões de pessoas no mundo não tem o suficiente para comer.

[3] Que convida os cidadãos de países em desenvolvimento quer se vestir, comer e ter veículos como os desenvolvidos.